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La pasión por las plazas, los toreros
y los toros fue una constante en la vida de Picasso y un tema recurrente
en su obra a lo largo de toda su carrera.
Con La Tauromaquia, se consagra, junto con Goya, como el artista
español que mejor comprende y expresa el mundo de los toros.
Según su amigo y secretario Jaime
Sabartés, su afición taurina fue heredada de su
padre.
Para el artista, la corrida escenifica el drama de la vida y de
la muerte y el rito ancestral que enfrenta al hombre y a la muerte.
Después, durante su exilio, los toros también encarnan
lo más profundo de su arraigada filiación hispánica.
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Picasso y Arias compartían esta gran
afición por la fiesta taurina, a la que acuden juntos con
cierta frecuencia en diferentes ruedos del sur de Francia (Arlés,
Céret, Collioure, Fréjus y Nimes) y mantuvieron amistad
con toreros y de forma especial con Luis
Miguel Dominguín.
A partir de 1951, Picasso contribuye incluso al establecimiento
de una temporada taurina en Vallauris, organizadas por el torero
madrileño Paco Muñoz, para la que realizará
el diseño de su cartelería. |
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