ECONOMÍA DEMOGRAFÍA SOCIEDAD MUNICIPIOS Y TERRITORIO TABULACIONES MADRID EN CIFRAS

Extranjeros en Madrid Capital y en la Comunidad. Informe 2000


Distribución espacial de la población de nacionalidad extranjera en la Comunidad y el municipio de Madrid por área y país de origen

Madrid es, a nivel provincial, el primer foco de inmigración extranjera de España, como ponen de relieve las cifras de extranjeros con permiso de residencia –158.885, que constituyen el 18'9% del conjunto nacional a 31 de diciembre de 1999–, originarios sobre todo de países subdesarrollados y en vías de desarrollo –120.345, el 24'3% de los de este origen en nuestro país–, así como las de extranjeros en situación irregular que acudieron al proceso de regularización que tuvo lugar entre el 21 de marzo y el 31 de julio de 2000 –55.374, el 22'1% del total–. También es el primer mercado de trabajo para la población extracomunitaria en España: concentra el 29'6% de los permisos de trabajo en vigor a 31 de diciembre de 1998, el 41' 1 % de los concedidos a través del contingente de 1999 y el 23'6% de los solicitados en el proceso de regularización de 2000.

Como características más relevantes de Madrid en el contexto español pueden señalarse dos: el ser la provincia de acogida por excelencia de ciudadanos latinoamericanos, por una parte, y la presencia femenina, por otra. Esto último se debe a la importancia del nicho laboral del servicio doméstico, el trabajo más abundante en la provincia para inmigrantes económicos.

Del análisis de los datos estadísticos oficiales y su comparación con los de la población extranjera empadronada en la ciudad de Madrid y todos los municipios de la Comunidad a finales del año 2000, se deduce la mayor actualización y cobertura de la realidad por parte de los segundos frente a los primeros. Queda claro el interés de la población extranjera, fundamentalmente de los inmigrantes irregulares, por registrarse en el Padrón de Habitantes, sobre todo desde la entrada en vigor de la ley 4/2000, fundamentalmente para acceder a la tarjeta sanitaria. E1 Padrón constituye una buena fuente de investigación de la población extranjera en situación regular e irregular y, en el caso de Madrid, da una cierta medida de la magnitud de la situación de irregularidad en el momento entre la población extranjera, básicamente en los grupos nacionales de reciente ingreso.

Tres rasgos novedosos se pueden señalar en el año 2000 en relación con la presencia extranjera en la Comunidad y la ciudad de Madrid en 1999: su destacado crecimiento a lo largo del último año y medio; el contraste, dentro de las colonias de inmigración económica, entre las de reciente ingreso y las de mayor antigüedad, y el peso superior de la capital, en el momento, como área de acogida.

1. El aumento de efectivos extranjeros ha sido muy importante entre 1999 y 2000 (1): de 151.064 empadronados en la primera fecha en el conjunto de la Comunidad se ha pasado a 289.528 a finales del año 2000; en la capital el crecimiento ha sido aún superior: la población extranjera pasa de 87.839 personas a 184.182, duplicando ampliamente su volumen.

Dentro de este crecimiento generalizado, una parte es "afloramiento" de personas que se hallaban de hecho, pero no se habían registrado en el Padrón por miedo o por no encontrar ventaja alguna en ello. Es sobre todo el disfrute de la tarjeta sanitaria por parte de los irregulares desde febrero de 2000 –además de la inscripción de los niños en las escuelas, el acceso a becas de comedor y otras, así como la obtención de ayudas sociales–, lo que hace que se den de alta personas que permanecían ocultas y que los recién llegados también tiendan a hacerlo con relativa prontitud. El gráfico 14, que se refiere a la ciudad de Madrid, es elocuente de todo ello.

El crecimiento más espectacular es el protagonizado por la colonia ecuatoriana, que multiplica sus efectivos casi por diez en este año y medio, situándose en primera posición, tanto en la Comunidad como en la capital, muy por encima del resto de grupos nacionales. Secundariamente, la colonia colombiana multiplica su población por cuatro, constituyéndose en el segundo grupo extranjero en la capital y el tercero en la Comunidad, tras el marroquí. La facilidad de entrada a España de ecuatorianos y colombianos, por la vigencia de convenios de supresión de visados con ambos países, está en la base de su importante crecimiento(2). En menor medida, pero digno de ser destacado, el colectivo rumano presenta un ritmo acelerado y en la actualidad constituye el grupo nacional más importante entre los originarios de países del Este de Europa, por encima del polaco. Otras colonias más antiguas en Madrid crecen más débilmente.

En consecuencia, la presencia latinoamericana –característica y tradicional– se amplía en valores absolutos y relativos, constituyendo en el momento más de la mitad de los efectivos extranjeros en la Comunidad y por encima del 60% en la ciudad; dentro de ella, pasan a segundo plano colonias como la peruana y la dominicana –las más representadas en los noventa– y la ecuatoriana y la colombiana se constituyen en la cara más visible de los latinos en Madrid. También se incrementa el peso de los ciudadanos del Este de Europa –más en el conjunto de la Comunidad que en la ciudad de Madrid–, aunque todavía no alcanzan una cifra importante, y disminuye en valores relativos el resto de grupos.

Datos aún más recientes confirman la continuidad del crecimiento de la población extranjera en la Comunidad y la ciudad de Madrid. Las colonias "nuevas" siguen protagonizándolo. Valgan dos ejemplos: el primero en relación con la ciudad de Madrid; el segundo, con un municipio de la Corona Metropolitana.

En la ciudad de Madrid la población extranjera ha pasado de 184.182 personas el 1 de noviembre de 2000 a 214.161 el 1 de marzo de 2001: un aumento de 29.979 extranjeros en los últimos cuatro meses (+ 16'3%), lo que supone una variación de + 4'1% mensual, ligeramente inferior a la registrada en el semestre anterior (+ 5'0%.). Hay que decir que el número de altas de ciudadanos extranjeros en el Padrón en estos últimos cuatro meses es aún superior –40.157–, lo que indica que paralelamente se están produciendo en la capital bajas de extranjeros que marchan de ella a otro municipio, incluso a otra provincia, un dato que resulta de enorme interés y que conviene tener en cuenta y seguir en el tiempo. Las colonias que crecen en mayor medida siguen siendo la ecuatoriana y, secundariamente, la colombiana: la primera, con una variación de + 15.306 personas empadronadas en la ciudad de Madrid en los últimos cuatro meses (+ 29'8%), que hace que pueda seguir tachándose de "espectacular" el empuje de este grupo nacional en Madrid y que pueda estimarse su volumen en torno a los 75.000 nacionales en la Comunidad, dado que figuran empadronados en la capital 66.676 ecuatorianos a 1 de marzo de 2001. La colombiana cuenta con 24.808 nacionales en la ciudad de Madrid en esta última fecha y un crecimiento, por tanto, de 4.747 personas en los últimos cuatro meses, el 23'7% de este grupo (Gráfico 1).

El segundo ejemplo se refiere al municipio de Alcalá de Henares. El volumen de extranjeros empadronados en él en julio de 2000 era de 6.457, entre los que eran mayoritarios los ciudadanos del Este de Europa, el 44'6% del total de extranjeros; de ellos, 1.090 eran polacos –colonia de tradicional presencia en el municipio– y 1.080 rumanos. Siete meses más tarde, a febrero de 2001, se hallan empadronados en el municipio 9.283 ciudadanos extranjeros, que suponen un 43'8% más. El crecimiento más importante ha sido el experimentado por la colonia rumana, que prácticamente duplica sus efectivos (2.030 empadronados), siendo responsable de más de la tercera parte del crecimiento total de los extranjeros en el municipio en este corto periodo de tiempo.

Una vez más se pone de relieve el valor de "instantánea" que, por fuerza, tiene todo trabajo de investigación cuyo objeto sea un grupo humano. El estudio que aquí se presenta se refiere a un momento concreto. La realidad, siempre viva, sigue su curso.

2. El contraste entre las nuevas colonias de inmigración y las de presencia más antigua constituye el segundo rasgo novedoso en 2000 en relación con el año precedente. Este contraste se marca, entre otros, en dos aspectos fundamentales: el primero, en la incidencia de la situación de irregularidad en las nuevas colonias de inmigración; el segundo, en la diferencia en las estructuras demográficas de unas y otras, con la mayor presencia de familias, en líneas generales, en las antiguas que en las nuevas.

El peso de la situación de irregularidad en las nuevas colonias de inmigración económica se deduce del contraste entre las cifras de empadronados en el momento y las de personas con permisos de residencia en vigor o en trámite por regularización. No se pueden dar cifras rigurosas, porque no se cuenta con todos los datos para su cálculo(3), sin embargo sí es claro que en valores absolutos la colonia ecuatoriana, seguida de la colombiana, son las que tienen un volumen mayor de personas en situación irregular. En cifras relativas, estas dos, y la rumana, presentan la mayor incidencia de esta situación. En contraste, entre las colonias más antiguas se dan signos de mayor estabilidad y consolidación de la situación de legalidad: menor contraste entre las cifras de permisos de residencia y las de empadronados, peso superior de los permisos de trabajo de más larga duración (tipo C) e incluso permanentes (P), importante volumen de adquisiciones de nacionalidad española (dominicanos, peruanos, marroquíes, filipinos) o de solicitudes de tarjetas de régimen comunitario, etc.

La situación de irregularidad en las nuevas colonias de inmigración es consecuencia de la facilidad y generalización de su entrada como turistas sin necesidad de visado –ecuatorianos, sobre todo, y colombianos– y, en el caso de los rumanos, como solicitantes de asilo y refugio(4), así como de la existencia de redes sociales, que son auténticos puentes entre Madrid y las localidades de origen, y de la labor de las mafias que se lucran con el tráfico de personas. La ausencia de contingente en el año 2000, vía que ha servido en los últimos años para regularizar a trabajadores "sin papeles" que se hallaban de hecho entre nosotros –aunque éste no fuera su objetivo–, así como la imposibilidad de acceder a la regularización de ese año por parte de los que llegaron con posterioridad al 1 de junio de 1999 y la modificación, en agosto de 2000, del artículo octavo del Convenio de Doble Nacionalidad con Ecuador, que permitía a los nacionales de este país acceder al mercado de trabajo español sin tener en cuenta la situación nacional del empleo, han incidido en el crecimiento de los irregulares en los últimos meses.

Las consecuencias que la situación de irregularidad tiene para las personas no deben escaparse. La primera, la dificultad de hallar trabajo –máxime cuando desde la entrada en vigor de la ley 8/2000, de reforma de la anterior, el 23 de enero de 2001, se pueden imponer multas millonarias a los empleadores que contraten a irregulares– y la exposición del inmigrante a situaciones de explotación por parte de patronos desaprensivos y de los propios compatriotas. La ausencia de trabajo conlleva la falta de recursos económicos, conduce a situaciones de precariedad habitacional –hacinamiento y malas condiciones en las viviendas– y, con mucha frecuencia, a la dependencia de los servicios sociales y de las instituciones caritativas; incapacita a las personas para llevar una vida autónoma guiada por un proyecto realista, y favorece la marginación. Cuando, como ocurre en muchos casos, las personas han reagrupado de hecho a sus familias o han tenido hijos en la migración –con frecuencia para acceder a la regularidad a través de ellos–, las situaciones se hacen todavía más precarias.

El segundo aspecto en el contraste entre las nuevas colonias de inmigración en Madrid y las de más antigua presencia se refiere a la estructura demográfica, con el predominio, a nivel global, de los adultos en edades activas jóvenes y el reducido peso de la población infantil en las nuevas, frente a la mayor presencia de niños y adolescentes en las colonias antiguas y la tendencia a un mayor equilibrio de sexos en ellas. Estos últimos rasgos hablan de la reagrupación familiar y la creación de hogares en la migración entre marroquíes, dominicanos, filipinos o polacos, fundamentalmente colonias en las que los nuevos nacimientos hacen que la barra de la base de la pirámide de edades sobresalga de forma notoria. Se trata de un contraste, en definitiva, en el estadio del ciclo migratorio, con el peso más destacado de los trabajadores en las nuevas colonias y la tendencia al aumento de la población infantil en las más antiguas.

3. El mayor protagonismo de la ciudad de Madrid como espacio de acogida de población extranjera es el tercer rasgo novedoso en lo que se refiere a la presencia foránea en la Comunidad en 2000 en relación con el año precedente. En el momento, la capital concentra el 63'6% del total de extranjeros empadronados en la Comunidad, un valor superior al de 1999 (58'1 % ) y que rompe la tendencia seguida en los últimos años de pérdida de peso de la ciudad en favor de los municipios de la Comunidad. El hecho debe ponerse en relación con el auge de la colonia ecuatoriana, que tiene la capital como espacio de localización preferente, y, secundariamente, con el aumento de nacionales colombianos, también atraídos sobre todo por la ciudad de Madrid. El más importante crecimiento de la población extranjera en este espacio que en el conjunto de la Comunidad hace que el impacto de los extranjeros sobre la población total sea en el momento mayor en la capital (6'2%) que en la Comunidad, (5'5%).

Al margen de estos tres rasgos novedosos, prosiguen las tendencias de la población extranjera que se detectaron y se comentaron el pasado año. En lo que a la distribución espacial se refiere (Cuadros 1 y 2), pueden señalarse las siguientes:

En la COMUNIDAD DE MADRID:

• La población extranjera continúa teniendo la ciudad de Madrid como espacio de localización preferente –en mayor medida, como se ha visto– y la Corona Metropolitana como secundario. Dentro de esta última zona prosigue la tendencia de crecimiento de las colonias de inmigración económica en los sectores Este y Sur, de marcado carácter residencial-industrial. Los espacios exteriores presentan un menor poder de atracción, a excepción de los pueblos de la Sierra de Guadarrama y un amplio entorno. El vacío de población extranjera en los vértices del triángulo que dibuja la Comunidad está en relación con la atonía económica y demográfica de los municipios allí situados.

Cuadro 1

DISTRIBUCION ESPACIAL DE LA POBLACION DE NACIONALIDAD EXTRANJERA EN LA COMUNIDAD Y LA CIUDAD DE MADRID. DATOS GENERALES.

Total Población % Extranjeros / P. Total* Hombres Extranjeros Mujeres extranjeras Tasa mascu- linidad** Menores extranjeros % menores / P. extranjera
Extranjera Total*
Madrid Capital  184.182 2.986.631 6,2 85.745 98.437 46,6 25.538 13,9
- Centro 18.824 133.859 14,1 9.392 9.432 49,9 2.216 13,9
- Total Almendra 77.433 963.537 8,0 34.849 42.584 45,0 9.214 11,9
- Periferia 106.749 2.023.094 5,3 50.896 55.853 47,7 16.324 15,3
C. Metropolitana 76.518 1.775.098 4,3 37.926 38.454 49,6 13,433 17,5
- Norte 12.619 210.705 6,0 6.230 6.389 49,4 2.479 19,6
- Este 17.911 420.021 4,3 8.947 8.826 50,3 2.970 16,6
- Sur 30.981 927.285 3,3 16.123 14.858 52,0 5.620 18,1
- Oeste 15.007 217.087 6,9 6.626 8.381 44,2 2.364 15,8
Z. Extrametrop. 28.828 485.751 5,9 15.631 13.171 54,3 5.673 19,6
- Noroeste 17.196 196.227 8,8 9.263 7.921 53,9 3.423 19,9
- Este 5.325 118.678 4,5 2.888 2.429 54,3 889 16,7
- Sur 6.307 170.846 3,7 3.480 2.821 55,2 1.361 21,6
Total Comunidad 289.528 5.247.480 5,5 139.302 150.062 48,1 44.644 15,4
* Población total a 01.01.1999 (I.N.E., 2000); para Madrid capital, P.T. a 01.11.2000. En la Zona Extrametropolitana Sur no se contabiliza la P.T. de Colmenar de Oreja, porque tampoco hay datos de P extranjera. En todas las zonas, a excepción de Madrid capital, hay que tener en cuenta el anacronismo de la fecha de referencia de la P. Extranjera y la P. Total en el cálculo del porcentaje de extranjeros.

** En la población extranjera por sexo hay 164 no consta, localizados en la C.M. Este (138), Z.E.NW. (12), ZE. Este (8) y ZE. Sur (6).

Fuente: Padrones de Habitantes de los municipios de la Comunidad de Madrid a julio-noviembre 2000.  Ayuntamientos de la Comunidad. Recuento de población del Padrón de Habitantes del municipio de Madrid a 1 de noviembre de 2000. Ayuntamiento de Madrid y Elaboración propia G.L.-T/D.D.M.

Se mantiene a nivel general la relación entre la población femenina, la ocupación en el sector servicios -sobre todo en el servicio doméstico- y la localización en la ciudad de Madrid, fundamentalmente en los distritos de la almendra, frente a la población masculina, más vinculada a trabajos en la construcción y la industria y localizada en la Corona Metropolitana Este y Sur, espacios residenciales de carácter industrial y obrero. Es el contraste en la distribución de la mayoría de las colonias latinoamericanas y asiáticas, polarizadas en el sector servicios, que escogen la capital como espacio de residencia preferente (el 88'7 de los ecuatorianos, 82'0 de los filipinos, 73'6% de los chinos, 72'1% de los peruanos, 69'3 de dominicanos y cubanos, 68'6 de los colombianos, etc.), frente a las originarias de países del Este de Europa y África, que tienden a concentrarse en mayor medida en los espacios del área metropolitana antes señalados (el 35'6% de los rumanos en la Corona Metropolitana Este; el 55'0% de los polacos en el conjunto de la Corona Metropolitana, una parte en los municipios del Sur y otra en los del Este, y el 481% del "resto de africanos" en la Corona Metropolitana, polarizados sobre todo en el sector Sur).

• Prosigue también la tendencia centrífuga de la población marroquí, una parte de la cual continúa localizándose en los pueblos de la Sierra de Guadarrama, siguiendo en su distribución a la población acomodada y las ofertas de trabajo, con frecuencia de carácter eventual, en la construcción, jardinería, "chapuzas" en general o en el servicio doméstico.

• De forma aún más clara que en el pasado año, la Corona Metropolitana Oriental y área vecina se decantan como zona de acogida de nacionales de países del Este de Europa, entre los cuales los rumanos muestran hacia ella la mayor polarización, constituyéndose en una de las colonias de inmigración económica más segregadas espacialmente.

En la CIUDAD DE MADRID:

• Continúa siendo la ciudad espacio de atracción preferente de población latinoamericana y asiática y de mujeres inmigrantes, sobre todo de estos orígenes, relacionadas con empleos en el servicio doméstico.

• Aumenta el volumen de extranjeros, sobre todo originarios de países subdesarrollados y en vías de desarrollo -inmigrantes económicos- en todos los barrios de la capital.

• El peso de la población extranjera sobre la población total se hace superior, particularmente en los barrios más envejecidos de la ciudad, donde alcanza porcentajes del 18'2% en Sol y superiores al 12% en muchos otros barrios de Centro, Tetuán y Arganzuela. En la misma línea, y precisamente por las tendencias divergentes de la población autóctona y la extranjera, crece también el peso de los menores extranjeros en relación con el total de menores, llegándose a valores que superan el 19% en algunos barrios de la almendra.

• El crecimiento de los inmigrantes económicos es más importante en los barrios populares de la almendra y, sobre todo, en los populares y obreros de la periferia próxima de la ciudad, al tiempo que se va ocupando progresivamente la periferia exterior meridional y oriental, de carácter obrero, en una onda expansiva que alcanza a espacios urbanos cada vez más alejados del centro.

• Prosigue la tendencia de concentración de la población extranjera en los barrios con mayor oferta de viviendas, sobre todo en régimen de alquiler. Dentro de ella no debe asombrar el crecimiento de Pueblo Nuevo, que se singulariza ahora como el segundo barrio de inmigración de la ciudad de Madrid, después de Embajadores (Rastro y Lavapiés), con un volumen de extranjeros empadronados casi parejo a éste y con un ritmo de crecimiento muy superior en el momento.

• Se mantiene la segregación espacial de los extranjeros procedentes de países desarrollados, que se concentran en los barrios de más alta calidad, siguiendo en su distribución a la población acomodada autóctona.

• Continúa la tendencia de localización preferente de las familias de inmigrantes económicos en los barrios populares y obreros, sobre todo de la periferia, frente a la de mujeres vinculadas al servicio doméstico concentradas en barrios acomodados y envejecidos de la almendra, bien residiendo en las casas de los empleadores si trabajan como internas, bien compartiendo vivienda con otras compatriotas. Los barrios que se desarrollan a ambos lados del Paseo de la Castellana siguen marcando en el centro de la ciudad una línea de fuerte presencia femenina.

• Se mantiene la segregación espacial de la colonia filipina, concentrada, como en 1999, en los barrios populares de la almendra madrileña: el 63'3% de los filipinos empadronados en la Comunidad de Madrid lo están en el conjunto de distritos que componen esta área urbana y dentro de ella el 21'5% de la colonia en el de Centro -sobre todo en el barrio de Universidad- y el 17'2% en el de Tetuán.

• Si bien no puede hablarse de segregación, sí que prosigue la tendencia de parte de la colonia marroquí y resto de africanos de localización en barrios cada vez más distantes del centro, en la periferia exterior de carácter obrero.

• La presencia extranjera en la ciudad de Madrid sigue siendo variada y heterogénea, a pesar de que los latinoamericanos han aumentado su peso en todas las áreas y son mayoritarios, en conjunto, en casi todos los barrios y distritos. A nivel de grupos nacionales, al ser la colonia ecuatoriana la más importante numéricamente en la ciudad -supone más de una cuarta parte del total de extranjeros en ella-, su peso en muchos barrios es muy destacado, llegando en Pueblo Nuevo y Ventas (Ciudad Lineal) y en Bellas Vistas (Tetuán) a constituir en torno a la mitad o más de la población extranjera total -el 53'6%, 47'7% y 50'7%, respectivamente-. Las cifras absolutas y relativas de ecuatorianos en estos tres barrios y la tendencia paralela de otras colonias latinoamericanas a residir también en ellos -particularmente peruanos y colombianos en Ventas y Pueblo Nuevo y dominicanos en Bellas Vistas- hace que se puedan singularizar en la actualidad como los "barrios latinos" por excelencia de la ciudad de Madrid.

• Se detecta una tendencia a la sobreocupación de las viviendas en muchos barrios de la capital, sobre todo en Pueblo Nuevo y secundariamente en Ventas y Quintana, dentro de la misma zona, y en Bellas Vistas (Tetuán), áreas de localización preferente de la colonia ecuatoriana.

Fuera de lo que se refiere a la distribución espacial, subsisten otras características y tendencias de la población extranjera en Madrid señaladas en años precedentes: por una parte, la destacada presencia femenina entre los inmigrantes económicos, de la que ya se ha hablado, que se debe al peso del nicho del servicio doméstico en la Comunidad y más aún en la ciudad; por otra, el crecimiento de la población infantil de nacionalidad extranjera y la mayor presencia de la familia inmigrante, que merecen algún comentario adicional.

 

Los menores de dieciséis años extranjeros han crecido en el último año y medio, como era de esperar. En muchos casos son madrileños de nacimiento. No se cuenta con datos para la Comunidad a 1999, sin embargo han triplicado sus efectivos en relación con 1996, aumentando de 14.602 en esa fecha a 44.644 en 2000. En la ciudad de Madrid los menores de dieciséis años de nacionalidad extranjera pasan de 7.271 en 1996 a 16.098 en 1999 y a 25.538 en 2000 (Cuadro 3)(5). Son mayoritarios los originarios de países subdesarrollados (el 91'4% del total de menores extranjeros en la Comunidad y el 91'8% en la ciudad). Por colonias destaca en la Comunidad la marroquí, seguida de la ecuatoriana y la colombiana, en definitiva, los tres grupos nacionales de más importante presencia; en la ciudad de Madrid adquiere singular relieve la población menor ecuatoriana, a pesar de que la proporción de menores sobre el conjunto de la colonia es inferior en ella.

El mayor o menor peso de los menores en relación con los respectivos grupos nacionales señala aquellos donde la presencia de familias es más relevante, en general varios de los de más antigüedad en Madrid: marroquí, ecuatoguineano, polaco, dominicano, chino y filipino. En conjunto, el peso de los menores es inferior entre la población originaria de países desarrollados empadronada en Madrid (el 11'9% solamente), que entre los nacionales de países subdesarrollados y en vías de desarrollo (16´0% ).

La familia inmigrante incrementa su presencia en la ciudad y la Comunidad de Madrid. Los retos con los que se enfrenta son múltiples. En primer lugar, la estabilidad de la pareja, cuando ésta existe. Muchos inmigrantes, sobre todo mujeres, eran cabezas de familias monoparentales ya en origen; otras parejas no superan la separación más o menos prolongada impuesta por la migración y se rompen antes del reencuentro; otras, por último, no consiguen "reconocerse" en su nueva situación y la ruptura se produce una vez reunidas. En estos casos, la estabilidad de la pareja inmigrante se ve amenazada por la vivencia particular que cada persona tiene de su nueva realidad, cómo cada una sufre el desarraigo y cómo afronta su integración en la sociedad de acogida. En buena medida, en las diferentes posturas adoptadas influye la situación legal y laboral de cada cual, que en el caso de Madrid es más ventajosa para las mujeres, que cuentan con la posibilidad de un trabajo más abundante, seguro y estable y mayor facilidad por ello para acceder a una situación de legalidad duradera. Esta circunstancia con frecuencia es factor de ruptura y puede desestabilizar a una familia, porque pone en cuestión la capacidad del hombre para mantenerla económicamente, su valía y, en último extremo, su autoridad. Las diferentes costumbres y pautas culturales y sociales de los distintos grupos nacionales y el choque con las de la sociedad de acogida se hallan al tiempo en la base de la desestabilización.

También los hijos tienen que afrontar dificultades en su nueva realidad dentro de la propia familia y de la sociedad de acogida, al margen de la superación de su propia vivencia de desarraigo. Cuando la separación de los padres ha sido prolongada, a menudo la nueva andadura familiar se hace difícil, el choque generacional resulta más duro por el debilitamiento del vínculo afectivo; el contraste en los modelos de educación y estilos de vida entre la sociedad de origen y la de acogida no contribuyen, por otra parte, a clarificar situaciones. El choque cultural también se produce dentro de la propia familia, con el mayor apego a la cultura de origen por parte de los padres frente a la fuerza de la cultura de acogida en los hijos, socializados en ella, sobre todo en el caso de los niños reagrupados a edad temprana o los nacidos en la migración.

La integración en la escuela es otro reto para los hijos de inmigrantes, igual que lo es para el sistema educativo madrileño. Para los chavales, la superación de obstáculos como la lengua, el ritmo de aprendizaje, la adquisición de contenidos nuevos y a menudo muy diferentes o la obligatoriedad de acudir a clase cuando previamente no se ha estado escolarizado en el país de origen o el sistema en él es más laxo, entraña sinsabores y dificultades, que tienen una mayor repercusión cuando la incorporación no se produce a temprana edad. El proceso de aprendizaje a menudo no puede ser apoyado por los padres, por los amplios horarios de trabajo de éstos, porque no tienen suficientes conocimientos o, en algunos casos, porque no valoran lo que la escuela puede aportar y prefieren que los hijos accedan lo antes posible al mercado laboral. En el caso de familias monoparentales o desestructuradas la situación se complica.

Para la escuela madrileña la incorporación de alumnos extranjeros, creciente en los últimos años, constituye un reto. Entre los problemas con los que se enfrenta en el momento, destaca el desequilibrio en la distribución de este tipo de alumnado, que se ha ido concentrando en barrios específicos y centros escolares concretos, sobre todo públicos, con una tendencia al aumento de los alumnos foráneos y el abandono de las "escuelas de inmigrantes" por parte de los autóctonos. La adecuación del apoyo de la enseñanza compensatoria a las necesidades reales de este alumnado y la respuesta a nivel general y particular –en cada centro– a la realidad en toda su variedad interna, que comprende el conocimiento de ésta, la formación del profesorado y la adaptación de los programas a la nueva situación, son otros retos. La escuela desempeña un papel fundamental "pues es en los hijos de los inmigrantes en los que propiamente se juega la suerte de la integración"(6), además de constituir vehículo de integración para los propios inmigrantes, a través de sus hijos.

La problemática de la familia inmigrante, en suma, adopta rasgos distintos en cada colonia, si bien en todas ellas es factor común el hecho de que los inmigrantes se sitúan en el peldaño sociolaboral inferior, constituyendo la nueva clase obrera y, por tanto, sus familias tienen algunas características propias de otros grupos sociales autóctonos. A nivel general cabe destacar situaciones específicas, como la de las familias que aún no han completado la reagrupación y viven partidas entre el país de origen y el de acogida, caso de muchos hombres marroquíes que reagrupan a sus hijos varones, o de mujeres dominicanas que atraen a sus hijas antes que el resto de componentes del núcleo familiar. La familia monoparental donde es la mujer la jefa de hogar es relativamente frecuente en muchas colonias en Madrid, latinoamericanas y africanas, sobre todo. En la familia filipina, el encapsulamiento de los adultos frente a la mayor adaptación a la sociedad de acogida de los hijos, puede repercutir en su cohesión interna. La falta de estabilidad de muchas familias ecuatorianas que han reagrupado a los hijos con excesiva celeridad o los han tenido aquí antes de haber consolidado los padres su situación laboral, económica y legal y con una estructura de pareja poco consistente en muchos casos, es otra realidad.

 

(1) Las fechas de referencia son: para el conjunto de la Comunidad, los meses de mayo a septiembre de 1999 y los de julio a noviembre de 2000; para la ciudad de Madrid, el 1 de mayo de 1999 y el 1 de noviembre de 2000. La fuente en todos los casos es el Padrón de Habitantes, a partir de los datos facilitados por los ayuntamientos de la Comunidad y por el Departamento de Estadística del Ayuntamiento de Madrid. Elaboración propia.

(2) La nueva relación de países cuyos ciudadanos deberán presentar visado para poder entrar en territorio de la U.E. (y dentro de él en España), aprobada el 15 de marzo de 2001, incluye a Colombia.

(3) Por ejemplo, se desconoce el volumen de extranjeros que tenían permisos en trámite fuera del proceso de regularización y en un amplio periodo de tiempo y tampoco se cuenta con información actualizada al año 2000 de estudiantes extranjeros, estancias, solicitantes de asilo, etc., situaciones dentro del marco legal que no requieren de permiso de residencia.

(4) Entre las colonias que más han crecido recientemente en Madrid, ecuatorianos, colombianos y rumanos, son estos últimos los que en mayor medida han escogido esta vía de acceso a España. A lo largo de la década de los noventa. 10.712 ciudadanos rumanos solicitaron asilo en España, una media de más de mil personas anuales, con puntos máximos en los años 1997, 1993 y 1998, en que se superaron o rondaron los mil quinientos. El número de solicitantes de asilo nacionales de Colombia ha sido muy inferior; 1999 es el año que registra un mayor volumen. 601. cifra muy superior a la de los dos años precedentes (98 en 1997 y 164 en 1998). En cuanto a los ecuatorianos. el volumen de solicitudes de asilo es muy pequeño en los últimos años (89 en 1998 y 48 en 1999) y los años que registraron un número mayor fueron 1994 y 1993, con 802 y 486 solicitudes en España, respectivamente.

(5) El volumen de extranjeros menores de dieciséis años por nacionalidades en la Comunidad de Madrid es una estimación a partir de la cifra de población total por colonias en 2000 y de la distribución por grupos de edad de cada colonia en la Comunidad a 1/1/1998 (INE). Esta distribución se extrapola para estimar el volumen de menores marroquíes y portugueses. En el caso de las colonias de las que se desconoce la distribución por edades en la CAM, el volumen de menores se estima a partir de la estructura de la colonia en la ciudad de Madrid a mayo de 2000 (colonias china, ecuatoriana, colombiana, peruana y rumana, en este último caso porque el volumen de rumanos en la CAM en 1998 es muy pequeño y por tanto poco representativo de la colonia actual). Por último, en los casos en que la diferencia de efectivos de la colonia es muy importante entre 1998 y 2000 y parece más representativa la cifra de población registrada en la ciudad, el porcentaje de menores aplicado para la estimación de la cifra en la CAM es un valor intermedio entre el de la capital y el de la Comunidad (polacos, otros nacionales de países del Este de Europa, resto de africanos. dominicanos, cubanos y filipinos).

(6) M. Siguán (1998), p. 133. .

Este texto recoge las conclusiones de la publicación:

- "Extranjeros en Madrid Capital y en la Comunidad. Informe 2000". Delegación Diocesana de Migraciones – ASTI – Autora: Gloria Lora-Tamayo D’Ocón. Madrid 2001



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